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Principios de
contabilidad
En
la contabilidad actual se parte de un sistema de supuestos, doctrinas, axiomas y
convenciones englobados en lo que se denomina "principios contables
generalmente aceptados". Muchos de estos principios han tenido una lenta
evolución a lo largo de la historia y tan sólo los últimos avances contables
realizados en décadas recientes están reflejados en las leyes. A continuación
se exponen algunos de los principios contables más comunes.
El
principio de empresa en funcionamiento afirma que la gestión de la
empresa tiene una duración ilimitada por lo que los principios contables
restantes no irán encaminados a valorar los activos y el valor del patrimonio
de la empresa como si éstos fueran a ser vendidos de un modo total o parcial.
El principio de
prudencia afirma que sólo deberán contabilizarse los beneficios realizados
a la fecha de cierre del ejercicio; sin embargo, las pérdidas posibles, aún
sin ser ciertas, se contabilizarán desde que se considere que se pueden
producir.
El
principio de registro establece que los hechos económicos deben
registrarse cuando nazcan los derechos u obligaciones que dichos hechos
originen. Cuando no se trate de una transacción de la empresa con el exterior
se registrarán sólo cuando se haya producido el auténtico consumo del activo.
El principio de
precio de adquisición exige que todos los bienes y derechos se contabilicen
por su precio de adquisición o coste de producción. Este principio deberá
aplicarse siempre, salvo que alguna ley establezca excepciones de forma explícita,
en cuyo caso deberá redactarse una memoria en que se especifique la aplicación
de dicha excepción.
El
principio del devengo establece que la imputación de ingresos y gastos
deberá hacerse en función de la corriente real de bienes y servicios con
independencia de cuándo se produzca la corriente monetaria o financiera.
El principio de
correlación de ingresos y gastos afirma que el resultado del ejercicio
estará constituido por los ingresos de dicho periodo, menos los gastos del
mismo realizados para obtener los primeros, así como por los beneficios y
quebrantos no relacionados de forma clara con la actividad de la empresa.
El
principio de no compensación impide que se equilibren las partidas del
activo y del pasivo del balance, ni las de gastos e ingresos que integran la
cuenta de pérdidas y ganancias establecidas en los modelos de cuentas anuales.
Por ello, habrá que valorar por separado los elementos integrantes de las
distintas partidas del activo y el pasivo.
El
principio de uniformidad establece que, una vez adoptado un criterio para
la aplicación de los principios contables, entre todas las alternativas
posibles, deberá mantenerse dicho criterio a lo largo del tiempo hasta que se
alteren los supuestos que motivaron la elección del criterio en cuestión.
El principio de
importancia relativa sostiene que podrá admitirse la no aplicación
estricta de algunos de los principios contables, siempre y cuando la importancia
relativa en términos cuantitativos de la variación que tal hecho produzca
tenga una trascendencia escasa y, en consecuencia, no altere el resultado de las
cuentas anuales.
El
principal objetivo: la imagen fiel consiste en que, en caso de conflicto
entre principios contables obligatorios, deberá prevalecer el que mejor
conduzca a que las cuentas anuales expresen la imagen fiel del patrimonio, de la
situación financiera y de los resultados de la empresa. No obstante, el
principio de prudencia tendrá un carácter preferencial sobre los demás.
Por
otra parte, los principios y normas de contabilidad generalmente aceptados son
todos aquellos que aparecen en los códigos de Comercio y leyes mercantiles, en
el Plan General de Contabilidad (España), o Manual de Contabilidad (México),
en las normas de desarrollo que, en materia contable, establezcan en su caso los
institutos de Contabilidad y Auditoria de Cuentas o de Contadores Públicos, y
la demás legislación que sea aplicable de modo explícito.
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